MÚSICA


La música ha sido desde siempre una fiel aliada en cualquier celebración, y qué menos que contar con ella si lo que vais a festejar es una boda. Para el banquete o "mover el esqueleto", se ha convertido en una protagonista por derecho propio.

El abanico de posibilidades es tan amplio como vuestros gustos: orquestas en directo, mariachis, un pincha discos o incluso un grupo de Zimbabue ... Pero, antes de decidiros, tened mucho cuidado con los estilos que seleccionáis.

Aunque los que os casáis sois vosotros y os apasione el hip hop, tened en cuenta que si queréis que la fiesta sea todo un éxito, tendréis que tener en cuenta a más personas.

El directo siempre anima más, aunque un buen pinchadiscos cumplirá su papel a la perfección. Eso sí, es importante que le expliquéis con claridad vuestros gustos y qué esperáis de él, o incluso seleccionéis vosotros mismos algunas de las canciones: ¡quién mejor que vosotros conoce la sensibilidad musical de vuestros invitados!

Para que el éxito esté asegurado, lo mejor es que alternéis estilos y épocas. Empezad con aquellas canciones que son más significativas para los invitados de más edad. Obligarles a moverse al ritmo de los sones más modernos puede ser una aventura arriesgada que pocos se atreverán a intentar. Después llegará el turno de los más jóvenes.

Si el pinchadiscos es un buen profesional y tiene experiencia sabrá de sobra mantener el ámbiente en su cénit pero, por si acaso, explicadle bien qué tipo de público acudirá. Y cuidado, tened en cuenta que la música puede decidir el éxito o fracaso de la celebración: que en definitiva, consiste en pasárselo bien.

En cuanto a los precios, dependerá del profesional que contratéis, el material que va a utilizar y las horas que estará en "pie de guerra". Lo más costoso es sin duda llevar un grupo musical, pero muchas veces, y en especial en verano, encontrar un buen pinchadiscos para un viernes o un sábado puede ser una tarea harto complicada.

Y si quereis rizar el rizo, regalad al oído también durante el banquete, pero eso sí, que no sea demasiado ruidosa para permitir escuchar lo que dice el vecino de mesa sin tener que hablar a voz en grito
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